Transfiguración

Por El escritor - 14 de Febrero, 2007, 4:08, Categoría: Transfiguración

"Como ocho días después de estas palabras, Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y salió al monte a orar. Mientras oraba, la apariencia de su rostro cambió y su vestido se volvió blanco y resplandeciente” (San Lucas 9:28,29)

Este pasaje está enmarcado entre el primer y segundo anuncio de la muerte de Jesús. Cerrando el ciclo de los domingos de Epifanía, éste pasaje, al igual que el siguiente en donde narra que sana al muchacho endemoniado (cf v.37-43) muestran nuevamente la gloria de Dios en Jesucristo. Esto es significativo porque tiene un propósito bien específico, que es mostrar claramente a sus discípulos quién es él. Por un lado revela su gloria, para que tengan la seguridad de que él es “EL Cristo de Dios” (9:20b), tal como lo atestigua Pedro y por otro lado, para que sepan que éste “Cristo de Dios” o “Hijo del hombre”, “padezca muchas cosas y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto y resucite al tercer día” (9:22). Más sus discípulos maravillados con los eventos que habían visto de Jesús, (transfiguración y sanidad del endemoniado), tenían los ojos como vendados. Jesús les dijo a sus discípulos: “haced que os penetren en los oídos estas palabras, porque acontecerá que el Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres. Pero ellos no entendían estas palabras pues le estaban veladas para que no las entendieran y temían preguntarle sobre esas palabras” (9:44-45)

Sus discípulos no entendían que Jesús después de mostrar su gloría, iba a ir a la cruz.. No concebían, que Dios se encarne como hombre y muestre su gloria, (hasta aquí, los discípulos están comenzando a creer tomando como referencia la confesión de Pedro, y que Jesús les encargaba de manera estricta no divulgarlo). (9:21ª). Más, además de ver a Jesús como el Mesías, el Cristo de Dios, este Mesías tenga también que sufrir, muera y resucite para salvar a la humanidad. Eso ya era mucho, era algo inconcebible. Era un Escándalo. Ellos estaban comenzando a ver a Jesús como el Mesías liberador anunciado por los profetas, más no como el “Siervo sufriente de Yahveh”, hecho que solo comprendieron y tuvieron seguridad plena después de caminar un poco más en su discipulado con Jesús, y vivir la experiencia de su muerte, y resurrección, no antes.

A nosotros, después de dos mil años, con nuestro pensamiento occidental, en cierta manera insensible a lo espiritual por el bombardeo materialista y globalizado que recibimos a diario, el misterio de Dios es algo que causa más escándalo e incredulidad entre nosotros que en los discípulos. Por nuestra condición humana sólo podemos entender el misterio de su encarnación y gloria, a partir de su Palabra y Espíritu, que nos ilumina y crea fe en nosotros en la exposición de la Escritura y medios de gracia.

Muchos factores están en juego e influyen en la incredulidad del hombre moderno, quiero en esta reflexión, compartir un tópico lleno de deformaciones de lo que es la esencia del cristianismo, que relaciono con el pasaje, como es la Divinidad y la plena Humanidad de Cristo. Dios deseaba mostrar su gloria en Cristo en el monte de la Transfiguración, como el DIOS HOMBRE para fortalecer la fe de sus discípulos en el sufrimiento hasta la cruz, también hoy nos habla por su palabra para fortalecernos en el seguimiento de su Hijo.

I

1.1- En primer lugar está la deformación de lo que es la encarnación del Hijo de Dios es el Jesuanismo (1) de la llamada teología liberal que hace caso omiso de lo divino en Cristo. No ve en El al Hombre- Dios considera sólo a Jesús hombre. Al Jesús divino es visto como mito de la religiosidad popular, y pretende despojar, con gesto audaz, de los hombros del Maestro, sencillo y humilde de Nazaret, “el pesado manto de brocado”, tejido por la veneración de sus discípulos, es decir, el resplandor de su divinidad. Para el Jesuanismo, la auténtica piedad cristiana, consiste en ver en la pura y simple humanidad de Jesús, el amor divino creador puesto en obra. En cuanto considera a Jesús verdadero hombre y sólo hombre, se muestra su personalidad sublime como una manifestación de Dios. El redime y salva, no por el valor infinito de un sacrificio divino expiatorio y al mismo tiempo humano, sino “simplemente por su mero servicio a Dios y a los hombres”. Es quien dio a la humanidad corazón y conciencia nuevos. Sólo en ese sentido puede llamarse Redentor. Uno de los aportes que hizo esta teología con su rigor científico, es que hoy nadie puede negar que Jesucristo hombre fue un personaje histórico, más su limitación es que en su rigor científico, sólo ve a Jesús como un hombre, y solo como hombre. Es de notar también, que su teología es netamente horizontal, sociológica y antropocéntrica, solo con referencia al espacio temporal. Lo trascendente está ausente. Si hay una referencia a lo trascendente, es por las transformaciones sociales que hace el hombre siguiendo el modelo e ideal de Cristo hombre. Por eso, el Jesuanismo es un cristianismo sin alma, humanista. Es una fe en lo que falta el alma, la esencia misma.

1.2.- La otra deformación de encarnación, la podemos ver en la exaltación de su divinidad en detrimento de su humanidad. Aún cuando se predique el antiguo evangelio de Cristo, de Dios hecho hombre. Es acontece, cuando se acentúa falsamente el significado redentor del elemento divino en Cristo. Se insiste tanto en la naturaleza divina, que, prácticamente se deja a un lado el oficio propio de la humanidad en la Redención. Esto ocurre con las iglesias orientales. Jesucristo el Redentor ya no aparece bajo la “forma de Siervo”, sino bajo la “forma de Dios”. Esta humanidad no era a sus ojos, más que la apariencia terrestre que hacía visible al Dios Salvador. Quien verdaderamente nos redime, quien muere por nosotros en la cruz y quien nos alimenta en la Eucaristía con su verdadero Cuerpo y verdadera Sangre, no es el verdadero Cristo, el Hombre- Dios, sino el Verbo eterno bajo los velos de la humanidad. En esta teología que ve a Jesucristo tan lejano, va apareciendo un vacío que llenarán los santos, los cuales en las liturgias orientales van sustituyendo más y más al mediador Hombre Dios. En estas iglesias orientales, cuanto más absorbe, por así decirlo, la divinidad de Jesucristo a su humanidad, tanto más monofisita es la idea que se forman de Jesús, y tanto más se acentúa la mediación y la intercesión de los santos. Las oraciones litúrgicas, ya no terminan con la formula de la Antigua Iglesia: “Por medio de Jesucristo”, sino con la invocación de los santos. Por otro lado el misterio eucarístico, lejos de verlo como fiesta y celebración, es visto como un misterio de miedo y terror.

1.3- Estas posturas anteriores son distorsionadas en cuanto a Cristo como Dios Hombre, Hombre – Dios. Son un reduccionismo, y es como “tratar de ver la panorámica de un amanecer por el ojo de seguridad de una puerta”. Pedro quería quedarse con la visión de la gloria y “hacer tres chozas”, e instalarse allí contemplando la “gloria de Dios”. Pero Jesús le señala que deben bajar a Jerusalén e “ir a la cruz.”. Jesús muestra así, en que consiste la “gloria de Dios”. La gloria de Dios se manifiesta en que Jesús “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Más aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló así mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8).
La gloria de Dios es esta: que siendo Dios se hace Hombre, y como Hombre Dios es crucificado para nuestra redención y ser declarados justos delante del Padre. En otras palabras, Cristo es el “Dios Crucificado” (Usando la expresión de Jürgen Moltmann) (2).

1.4.- La visión cristiana que se tenga, determina el cómo en la vida práctica. Esa visión viene dada por el estudio de la Escritura y la oración, así como Jesús buscó en oración en el monte “todo el consejo de Dios”. Jesús desea mostrar a sus discípulos sin dejar ninguna duda quién es. Quiere mostrar que es el “Mesías de Dios”, el “Cristo”, que viene, no para ejercer su reinado y dominio terrestre, o liberar a Israel de la bota del Imperio Romano, sino para ir a Jerusalén a cumplir lo que Dios Padre le encomendó, ser el instrumento de reconciliación, redención y expiación de Dios con los hombres (3). Cristo se transfigura porque es nuestro Salvador, no porque sea Dios u hombre, sino porque es Dios y hombre, el hombre nuevo, el nuevo Adán, “el primogénito entre sus hermanos”

II

La gloria de Dios, su encarnación como el Dios Hombre, su plena humanidad divinidad, sólo encuentra su clara comprensión en su muerte en la cruz y la resurrección. Este hecho apunta a tres elementos prácticos a saber: su carácter escatológico, La vida sacramental y su aspecto social

2.1- Carácter escatológico : El hecho del Cristo Transfigurado apuntando a la muerte en la cruz y su resurrección, nos señala el itinerario del propósito salvífico de Dios para con la humanidad: “con su muerte, destruyo la muerte” y con su resurrección nos dio vida juntamente con él. Con su muerte y resurrección nos levanta el pesado velo que oscurecía nuestras vidas, ya que nos ha liberado de nuestro pecado, de nuestro egoísmo, de la muerte y de la influencia del “padre de la mentira” o “engañador”, que nos hace ver la vida como si Dios no existiera. Finalmente la transfiguración apunta a la plenitud (pleroma) (Efesios 1:23), a un anticipo de gloria que ha de venir en Cristo que ha de sentarse a la derecha del Padre y poner a todos sus enemigos al estrado de sus pies” (cf. Sal 110:1) y nos llena de gozo celestial de estar en comunión con todos sus hijos de toda raza, lengua, y nación, de los tiempos en su banquete celestial. La transfiguración nos fortalece en nuestro caminar hacia nuestro destino eterno, llenando con el gozo de lo eterno nuestro presente, fortaleciéndonos en medio de la tribulación, persecución e injusticias sociales del tiempo presente, y mostrándonos desde ya el celeste porvenir que Cristo tiene preparado para nosotros.

2.2 -La vida sacramental. El cristianismo no es una manifestación del Espíritu, sino la aparición o manifestación de Dios en forma visible, humana. Es Emanuel “Dios con nosotros”. Puede afirmarse que la acción del Hijo de Dios se efectúa precisamente por su humanidad. Jesús es sacramento de la humanidad, y viene a nosotros en su humanidad y corporeidad en los sacramentos que El mismo instituyó al dárnoslo en la Escritura. El viene a nosotros hoy en primer lugar en el santo acontecimiento por el cual el creyente se incorpora definitivamente a Cristo: el Bautismo, que es el “lavamiento de la regeneración”, en el cual somos sepultados con Cristo y resucitados a una nueva vida. No menos sensible ha de ser el misterio de nuestra unión real y permanente con la cabeza en el sacramento de su Cuerpo y Sangre: La Santa Cena o Eucaristía. Sacramentos que se administran en la Iglesia Cristiana que es el lugar: “donde la Palabra es predicada genuina mente y los Sacramentos (Bautismo y Santa Cena) son administrados de acuerdo al Evangelio” (4). Además se enseña que los sacramentos fueron instituidos: “no sólo como distintivos para conocer exteriormente a los cristianos, sino son señales y testimonios de la voluntad divina hacia nosotros para despertar la fe y fortalecer nuestra fe” (5) “Respecto a la cena del Señor se enseña que el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Cristo están realmente presentes en la cena bajo las especies de pan y vino y que se distribuyen y se reciben allí” (6) Estas señales que son enseñadas y administradas con la Escritura , nos fortalecen la fe en Cristo , el Dios Hombre, y nos muestra su humanidad y divinidad estando presente en lo que él mismo a instituido como medio de gracia para dársenos a conocer y estar realmente presente entre nosotros. Dios en su Palabra y Sacramento, muestra su gloria y Evangelio, declara lo que Dios ha hecho a favor de nosotros en la persona de Cristo, y fortalece a su pueblo en su caminar y en su tarea profética.

2.2.1- Es de notar que en nuestro contexto evangélico de América Latina este elemento sacramental sea casi desconocido, ignorado y ausente en muchas de las comunidades eclesiásticas actuales. Los sacramentos son vistos como un símbolo u ordenanzas y despojándolo de la condición de medios de gracia. Esto es debido a las influencias que estas tradiciones han tenido a lo largo de su historia: la filosofía, el humanismo, el pietismo, el racionalismo y el evangelicalismo de corte avivamentista en sus prácticas eclesiásticas. Una buena parte de las comunidades, rechaza a priori, sin reflexión bíblica teológica, e histórica, lo sacramental y litúrgico, porque puede confundirse u oler a “católico romano”, como si todo lo católico fuese malo (7). Otro grupo menor, por el viejo argumento filosófico, no teológico en detrimento de indivisibilidad de la humanidad Divinidad de Cristo, de que “lo infinito no puede estar presente en lo finito”. Sea como fuere el caso, lo cierto es que, es un privilegio y un gran consuelo recibir, compartir en la comunidad, junto con la exposición de la Escritura, la palabra visible en el sacramento y suscribir lo que confiesa la Confesión de Augsburgo, documento ecuménico, que revela el fundamento bíblico de la Reforma, y en esencia conserva fiel la enseñanza apostólica.

3 - El tercer aspecto derivado de la transfiguración es el aspecto social. La experiencia de la transfiguración de Jesús, tuvo implicaciones para los discípulos. Esta experiencia de Jesús compartida con Pedro, Santiago y Juan, lejos de ser una actividad alienante y escapista, era un evento que les ayudaría a comprender cual era la misión del “Siervo de Yahveh”. Ahí en medio de la gran nube viene el encargo “Este es mi Hijo amado a el oíd” (9:35). En otras palabras, la confirmación de Dios que en Jesús se cumple lo que fue anunciado por boca de sus profetas. Que escucharían de Jesús: “Que el va a ser entregado en manos de los hombres”, morirá y al tercer día resucitará. Ellos no lo entendieron, sino cuando la tumba estuvo vacía. Ellos tuvieron la tarea de ser testigos y anunciar este hecho, primeramente a los otros discípulos, dar testimonio y luego anunciar a otros.

3.1- La experiencia de la transfiguración tiene para los cristianos también un desafío. Así como Dios habló con Moisés y le dio la Ley en el Antiguo Testamento para guiar a su pueblo, Jesús se transfiguró para darnos su Evangelio en medio de una nube, y nos envía a llevar la visión de Cristo glorioso a un mundo en necesidad. Cual es el mensaje a llevar: Que no estamos solos, que el Dios Hombre que “padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue muerto, sepultado, resucitó al tercer día y está sentado a la diestra de Dios Padre” (8) está con nosotros. Que en medio de destrucción, sufrimiento, egoísmo y muerte, este Dios Hombre, no se queda en su trono de gloria, sino que desciende a nuestra comunidad, “nos acompaña y se compadece de nuestra necesidad”. Este Jesús, Dios y Hombre verdadero, como es plenamente humano, sufre el dolor humano con nosotros, como es Dios intercede ante el Padre y nos da consuelo y paz.

A modo de Conclusión: Al no estar limitados por la visión humanista de ver a Cristo sólo como hombre, ni la visión “contemplativa pasiva” de ver a Jesús como un reflejo de lo divino, somos libres de este mundo malo, y somos capacitado por el Rey – Siervo para “en todo amar y servir”. Los valores son otros. Son los valores del Reino de Dios. Por otro lado tener la visión de Cristo transfigurado como Dios Hombre, nos permite ver y actuar llevando, encarnando y comunicando el Evangelio desde una perspectiva integral. Por la seguridad que nos ofrece Jesucristo en su palabra, el Dios Hombre, somos convocados y movidos a ser “luz y sal” de la tierra.

Jesús divino, Gran rey del mundo,
¡Excelso Dios hecho un ser mortal!
Yo quiero amarte, Veraz servirte,
Da a mi alma luz, amor cabal (9)

Amén.


REFERENCIAS

1. Adam Karl. Jesucristo. Editorial Herder . 8ª Edición. Barcelona. 1985. p 17

2. Moltmann Jürgen. El Dios Crucificado. Sígueme. Salamanca. 1975.

3. La enseñanza permanente para la comunidad no es la de refugiarse anhelante en el mundo celestial, ni desear visiones que anticipen la felicidad en el mundo futuro. El evangelista de un modo harto evidente, pone en guardia frente a esta tentación al presentar la pretensión de Pedro como absurda y necia. Lo que la comunidad debe tener a sus ojos es más bien la necesidad de seguir a Jesús por el camino de los sufrimientos y de la muerte. La mirada al transfigurado es sólo una incitación a creer en el crucificado y seguirle es solo un estímulo a mantenerse fuerte en las penalidades y persecuciones: No es tiempo todavía de levantar pabellones en el cielo, sino de afrontar la lucha sobre la tierra. Pero todo se puede superar con la obediencia al Hijo amado de Dios que nos ha precedido en el camino de los padecimientos y la muerte a la gloría de Dios.
Schnackenburg Rudolf. Comentario del evangelio según San Marcos. Herder Barcelona. 3ª Edición 1973.
Las cursivas son mías mostrando el énfasis del autor en la obediencia.

4. Confesión de Augsburgo. VII. 1530.

5. Confesión de Augsburgo XIII. 1530

6. Confesión de Augsburgo XIII. 1530

7. Lutero hizo reforma de los sacramentos reteniendo el fundamento bíblico. Para una mayor comprensión del tema, ver su Confesión sobre la Santa Cena. Obras de Martín Lutero. Tomo V .p.369. Publicaciones El Escudo. B. Aires . 1971

8. Credo Apostólico.

9. Jesús Divino. Culto Cristiano. Nº 38. publicaciones. El Escudo. New York 1985.

P. Gerardo A Hands.                         Revisión Febrero 2007

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