"Como ocho días después
de estas palabras, Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y salió al
monte a orar. Mientras oraba, la apariencia de su rostro cambió y su
vestido se volvió blanco y resplandeciente” (San Lucas 9:28,29) Este pasaje está enmarcado entre el primer y segundo anuncio de la
muerte de Jesús. Cerrando el ciclo de los domingos de Epifanía, éste
pasaje, al igual que el siguiente en donde narra que sana al muchacho
endemoniado (cf v.37-43) muestran nuevamente la gloria de Dios en
Jesucristo. Esto es significativo porque tiene un propósito bien
específico, que es mostrar claramente a sus discípulos quién es él. Por
un lado revela su gloria, para que tengan la seguridad de que él es “EL
Cristo de Dios” (9:20b), tal como lo atestigua Pedro y por otro lado,
para que sepan que éste “Cristo de Dios” o “Hijo del hombre”, “padezca
muchas cosas y sea desechado por los ancianos, por los principales
sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto y resucite al tercer
día” (9:22). Más sus discípulos maravillados con los eventos que habían
visto de Jesús, (transfiguración y sanidad del endemoniado), tenían los
ojos como vendados. Jesús les dijo a sus discípulos: “haced que os
penetren en los oídos estas palabras, porque acontecerá que el Hijo del
hombre será entregado en manos de los hombres. Pero ellos no entendían
estas palabras pues le estaban veladas para que no las entendieran y
temían preguntarle sobre esas palabras” (9:44-45) Sus discípulos no entendían que Jesús después de mostrar su
gloría, iba a ir a la cruz.. No concebían, que Dios se encarne como
hombre y muestre su gloria, (hasta aquí, los discípulos están
comenzando a creer tomando como referencia la confesión de Pedro, y que
Jesús les encargaba de manera estricta no divulgarlo). (9:21ª). Más,
además de ver a Jesús como el Mesías, el Cristo de Dios, este Mesías
tenga también que sufrir, muera y resucite para salvar a la humanidad.
Eso ya era mucho, era algo inconcebible. Era un Escándalo. Ellos
estaban comenzando a ver a Jesús como el Mesías liberador anunciado por
los profetas, más no como el “Siervo sufriente de Yahveh”, hecho que
solo comprendieron y tuvieron seguridad plena después de caminar un
poco más en su discipulado con Jesús, y vivir la experiencia de su
muerte, y resurrección, no antes. A nosotros, después de dos mil años, con nuestro pensamiento
occidental, en cierta manera insensible a lo espiritual por el
bombardeo materialista y globalizado que recibimos a diario, el
misterio de Dios es algo que causa más escándalo e incredulidad entre
nosotros que en los discípulos. Por nuestra condición humana sólo
podemos entender el misterio de su encarnación y gloria, a partir de su
Palabra y Espíritu, que nos ilumina y crea fe en nosotros en la
exposición de la Escritura y medios de gracia. Muchos factores están en juego e influyen en la incredulidad del
hombre moderno, quiero en esta reflexión, compartir un tópico lleno de
deformaciones de lo que es la esencia del cristianismo, que relaciono
con el pasaje, como es la Divinidad y la plena Humanidad de Cristo.
Dios deseaba mostrar su gloria en Cristo en el monte de la
Transfiguración, como el DIOS HOMBRE para fortalecer la fe de sus
discípulos en el sufrimiento hasta la cruz, también hoy nos habla por
su palabra para fortalecernos en el seguimiento de su Hijo.
I 1.1- En primer lugar está la deformación de lo que es la
encarnación del Hijo de Dios es el Jesuanismo (1) de la llamada
teología liberal que hace caso omiso de lo divino en Cristo. No ve en
El al Hombre- Dios considera sólo a Jesús hombre. Al Jesús divino es
visto como mito de la religiosidad popular, y pretende despojar, con
gesto audaz, de los hombros del Maestro, sencillo y humilde de Nazaret,
“el pesado manto de brocado”, tejido por la veneración de sus
discípulos, es decir, el resplandor de su divinidad. Para el
Jesuanismo, la auténtica piedad cristiana, consiste en ver en la pura y
simple humanidad de Jesús, el amor divino creador puesto en obra. En
cuanto considera a Jesús verdadero hombre y sólo hombre, se muestra su
personalidad sublime como una manifestación de Dios. El redime y salva,
no por el valor infinito de un sacrificio divino expiatorio y al mismo
tiempo humano, sino “simplemente por su mero servicio a Dios y a los
hombres”. Es quien dio a la humanidad corazón y conciencia nuevos. Sólo
en ese sentido puede llamarse Redentor. Uno de los aportes que hizo
esta teología con su rigor científico, es que hoy nadie puede negar que
Jesucristo hombre fue un personaje histórico, más su limitación es que
en su rigor científico, sólo ve a Jesús como un hombre, y solo como
hombre. Es de notar también, que su teología es netamente horizontal,
sociológica y antropocéntrica, solo con referencia al espacio temporal.
Lo trascendente está ausente. Si hay una referencia a lo trascendente,
es por las transformaciones sociales que hace el hombre siguiendo el
modelo e ideal de Cristo hombre. Por eso, el Jesuanismo es un
cristianismo sin alma, humanista. Es una fe en lo que falta el alma, la
esencia misma. 1.2.- La otra deformación de encarnación, la podemos ver en la
exaltación de su divinidad en detrimento de su humanidad. Aún cuando se
predique el antiguo evangelio de Cristo, de Dios hecho hombre. Es
acontece, cuando se acentúa falsamente el significado redentor del
elemento divino en Cristo. Se insiste tanto en la naturaleza divina,
que, prácticamente se deja a un lado el oficio propio de la humanidad
en la Redención. Esto ocurre con las iglesias orientales. Jesucristo el
Redentor ya no aparece bajo la “forma de Siervo”, sino bajo la “forma
de Dios”. Esta humanidad no era a sus ojos, más que la apariencia
terrestre que hacía visible al Dios Salvador. Quien verdaderamente nos
redime, quien muere por nosotros en la cruz y quien nos alimenta en la
Eucaristía con su verdadero Cuerpo y verdadera Sangre, no es el
verdadero Cristo, el Hombre- Dios, sino el Verbo eterno bajo los velos
de la humanidad. En esta teología que ve a Jesucristo tan lejano, va
apareciendo un vacío que llenarán los santos, los cuales en las
liturgias orientales van sustituyendo más y más al mediador Hombre
Dios. En estas iglesias orientales, cuanto más absorbe, por así
decirlo, la divinidad de Jesucristo a su humanidad, tanto más
monofisita es la idea que se forman de Jesús, y tanto más se acentúa la
mediación y la intercesión de los santos. Las oraciones litúrgicas, ya
no terminan con la formula de la Antigua Iglesia: “Por medio de
Jesucristo”, sino con la invocación de los santos. Por otro lado el
misterio eucarístico, lejos de verlo como fiesta y celebración, es
visto como un misterio de miedo y terror.
1.3- Estas posturas anteriores son distorsionadas en cuanto a Cristo
como Dios Hombre, Hombre – Dios. Son un reduccionismo, y es como
“tratar de ver la panorámica de un amanecer por el ojo de seguridad de
una puerta”. Pedro quería quedarse con la visión de la gloria y “hacer
tres chozas”, e instalarse allí contemplando la “gloria de Dios”. Pero
Jesús le señala que deben bajar a Jerusalén e “ir a la cruz.”. Jesús
muestra así, en que consiste la “gloria de Dios”. La gloria de Dios se
manifiesta en que Jesús “siendo en forma de Dios, no estimó el ser
igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo,
tomó la forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Más aún,
hallándose en la condición de hombre, se humilló así mismo, haciéndose
obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8).
La gloria de Dios es esta: que siendo Dios se hace Hombre, y como
Hombre Dios es crucificado para nuestra redención y ser declarados
justos delante del Padre. En otras palabras, Cristo es el “Dios
Crucificado” (Usando la expresión de Jürgen Moltmann) (2). 1.4.- La visión cristiana que se tenga, determina el cómo en la
vida práctica. Esa visión viene dada por el estudio de la Escritura y
la oración, así como Jesús buscó en oración en el monte “todo el
consejo de Dios”. Jesús desea mostrar a sus discípulos sin dejar
ninguna duda quién es. Quiere mostrar que es el “Mesías de Dios”, el
“Cristo”, que viene, no para ejercer su reinado y dominio terrestre, o
liberar a Israel de la bota del Imperio Romano, sino para ir a
Jerusalén a cumplir lo que Dios Padre le encomendó, ser el instrumento
de reconciliación, redención y expiación de Dios con los hombres (3).
Cristo se transfigura porque es nuestro Salvador, no porque sea Dios u
hombre, sino porque es Dios y hombre, el hombre nuevo, el nuevo Adán,
“el primogénito entre sus hermanos”
II La gloria de Dios, su encarnación como el Dios Hombre, su plena
humanidad divinidad, sólo encuentra su clara comprensión en su muerte
en la cruz y la resurrección. Este hecho apunta a tres elementos
prácticos a saber: su carácter escatológico, La vida sacramental y su
aspecto social
2.1- Carácter escatológico : El hecho del Cristo Transfigurado
apuntando a la muerte en la cruz y su resurrección, nos señala el
itinerario del propósito salvífico de Dios para con la humanidad: “con
su muerte, destruyo la muerte” y con su resurrección nos dio vida
juntamente con él. Con su muerte y resurrección nos levanta el pesado
velo que oscurecía nuestras vidas, ya que nos ha liberado de nuestro
pecado, de nuestro egoísmo, de la muerte y de la influencia del “padre
de la mentira” o “engañador”, que nos hace ver la vida como si Dios no
existiera. Finalmente la transfiguración apunta a la plenitud (pleroma)
(Efesios 1:23), a un anticipo de gloria que ha de venir en Cristo que
ha de sentarse a la derecha del Padre y poner a todos sus enemigos al
estrado de sus pies” (cf. Sal 110:1) y nos llena de gozo celestial de
estar en comunión con todos sus hijos de toda raza, lengua, y nación,
de los tiempos en su banquete celestial. La transfiguración nos
fortalece en nuestro caminar hacia nuestro destino eterno, llenando con
el gozo de lo eterno nuestro presente, fortaleciéndonos en medio de la
tribulación, persecución e injusticias sociales del tiempo presente, y
mostrándonos desde ya el celeste porvenir que Cristo tiene preparado
para nosotros.
2.2 -La vida sacramental. El cristianismo no es una manifestación del
Espíritu, sino la aparición o manifestación de Dios en forma visible,
humana. Es Emanuel “Dios con nosotros”. Puede afirmarse que la acción
del Hijo de Dios se efectúa precisamente por su humanidad. Jesús es
sacramento de la humanidad, y viene a nosotros en su humanidad y
corporeidad en los sacramentos que El mismo instituyó al dárnoslo en la
Escritura. El viene a nosotros hoy en primer lugar en el santo
acontecimiento por el cual el creyente se incorpora definitivamente a
Cristo: el Bautismo, que es el “lavamiento de la regeneración”, en el
cual somos sepultados con Cristo y resucitados a una nueva vida. No
menos sensible ha de ser el misterio de nuestra unión real y permanente
con la cabeza en el sacramento de su Cuerpo y Sangre: La Santa Cena o
Eucaristía. Sacramentos que se administran en la Iglesia Cristiana que
es el lugar: “donde la Palabra es predicada genuina mente y los
Sacramentos (Bautismo y Santa Cena) son administrados de acuerdo al
Evangelio” (4). Además se enseña que los sacramentos fueron
instituidos: “no sólo como distintivos para conocer exteriormente a los
cristianos, sino son señales y testimonios de la voluntad divina hacia
nosotros para despertar la fe y fortalecer nuestra fe” (5) “Respecto a
la cena del Señor se enseña que el verdadero cuerpo y la verdadera
sangre de Cristo están realmente presentes en la cena bajo las especies
de pan y vino y que se distribuyen y se reciben allí” (6) Estas señales
que son enseñadas y administradas con la Escritura , nos fortalecen la
fe en Cristo , el Dios Hombre, y nos muestra su humanidad y divinidad
estando presente en lo que él mismo a instituido como medio de gracia
para dársenos a conocer y estar realmente presente entre nosotros. Dios
en su Palabra y Sacramento, muestra su gloria y Evangelio, declara lo
que Dios ha hecho a favor de nosotros en la persona de Cristo, y
fortalece a su pueblo en su caminar y en su tarea profética.
2.2.1- Es de notar que en nuestro contexto evangélico de América Latina
este elemento sacramental sea casi desconocido, ignorado y ausente en
muchas de las comunidades eclesiásticas actuales. Los sacramentos son
vistos como un símbolo u ordenanzas y despojándolo de la condición de
medios de gracia. Esto es debido a las influencias que estas
tradiciones han tenido a lo largo de su historia: la filosofía, el
humanismo, el pietismo, el racionalismo y el evangelicalismo de corte
avivamentista en sus prácticas eclesiásticas. Una buena parte de las
comunidades, rechaza a priori, sin reflexión bíblica teológica, e
histórica, lo sacramental y litúrgico, porque puede confundirse u oler
a “católico romano”, como si todo lo católico fuese malo (7). Otro
grupo menor, por el viejo argumento filosófico, no teológico en
detrimento de indivisibilidad de la humanidad Divinidad de Cristo, de
que “lo infinito no puede estar presente en lo finito”. Sea como fuere
el caso, lo cierto es que, es un privilegio y un gran consuelo recibir,
compartir en la comunidad, junto con la exposición de la Escritura, la
palabra visible en el sacramento y suscribir lo que confiesa la
Confesión de Augsburgo, documento ecuménico, que revela el fundamento
bíblico de la Reforma, y en esencia conserva fiel la enseñanza
apostólica. 3 - El tercer aspecto derivado de la transfiguración es el aspecto
social. La experiencia de la transfiguración de Jesús, tuvo
implicaciones para los discípulos. Esta experiencia de Jesús compartida
con Pedro, Santiago y Juan, lejos de ser una actividad alienante y
escapista, era un evento que les ayudaría a comprender cual era la
misión del “Siervo de Yahveh”. Ahí en medio de la gran nube viene el
encargo “Este es mi Hijo amado a el oíd” (9:35). En otras palabras, la
confirmación de Dios que en Jesús se cumple lo que fue anunciado por
boca de sus profetas. Que escucharían de Jesús: “Que el va a ser
entregado en manos de los hombres”, morirá y al tercer día resucitará.
Ellos no lo entendieron, sino cuando la tumba estuvo vacía. Ellos
tuvieron la tarea de ser testigos y anunciar este hecho, primeramente a
los otros discípulos, dar testimonio y luego anunciar a otros. 3.1- La experiencia de la transfiguración tiene para los
cristianos también un desafío. Así como Dios habló con Moisés y le dio
la Ley en el Antiguo Testamento para guiar a su pueblo, Jesús se
transfiguró para darnos su Evangelio en medio de una nube, y nos envía
a llevar la visión de Cristo glorioso a un mundo en necesidad. Cual es
el mensaje a llevar: Que no estamos solos, que el Dios Hombre que
“padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue muerto, sepultado,
resucitó al tercer día y está sentado a la diestra de Dios Padre” (8)
está con nosotros. Que en medio de destrucción, sufrimiento, egoísmo y
muerte, este Dios Hombre, no se queda en su trono de gloria, sino que
desciende a nuestra comunidad, “nos acompaña y se compadece de nuestra
necesidad”. Este Jesús, Dios y Hombre verdadero, como es plenamente
humano, sufre el dolor humano con nosotros, como es Dios intercede ante
el Padre y nos da consuelo y paz.
A modo de Conclusión: Al no estar limitados por la visión humanista de
ver a Cristo sólo como hombre, ni la visión “contemplativa pasiva” de
ver a Jesús como un reflejo de lo divino, somos libres de este mundo
malo, y somos capacitado por el Rey – Siervo para “en todo amar y
servir”. Los valores son otros. Son los valores del Reino de Dios. Por
otro lado tener la visión de Cristo transfigurado como Dios Hombre, nos
permite ver y actuar llevando, encarnando y comunicando el Evangelio
desde una perspectiva integral. Por la seguridad que nos ofrece
Jesucristo en su palabra, el Dios Hombre, somos convocados y movidos a
ser “luz y sal” de la tierra.
Jesús divino, Gran rey del mundo,
¡Excelso Dios hecho un ser mortal!
Yo quiero amarte, Veraz servirte,
Da a mi alma luz, amor cabal (9)
Amén.
REFERENCIAS
1. Adam Karl. Jesucristo. Editorial Herder . 8ª Edición. Barcelona. 1985. p 17
2. Moltmann Jürgen. El Dios Crucificado. Sígueme. Salamanca. 1975.
3. La enseñanza permanente para la comunidad no es la de refugiarse
anhelante en el mundo celestial, ni desear visiones que anticipen la
felicidad en el mundo futuro. El evangelista de un modo harto evidente,
pone en guardia frente a esta tentación al presentar la pretensión de
Pedro como absurda y necia. Lo que la comunidad debe tener a sus ojos
es más bien la necesidad de seguir a Jesús por el camino de los
sufrimientos y de la muerte. La mirada al transfigurado es sólo una
incitación a creer en el crucificado y seguirle es solo un estímulo a
mantenerse fuerte en las penalidades y persecuciones: No es tiempo
todavía de levantar pabellones en el cielo, sino de afrontar la lucha
sobre la tierra. Pero todo se puede superar con la obediencia al Hijo
amado de Dios que nos ha precedido en el camino de los padecimientos y
la muerte a la gloría de Dios.
Schnackenburg Rudolf. Comentario del evangelio según San Marcos. Herder Barcelona. 3ª Edición 1973.
Las cursivas son mías mostrando el énfasis del autor en la obediencia.
4. Confesión de Augsburgo. VII. 1530.
5. Confesión de Augsburgo XIII. 1530
6. Confesión de Augsburgo XIII. 1530
7. Lutero hizo reforma de los sacramentos reteniendo el fundamento
bíblico. Para una mayor comprensión del tema, ver su Confesión sobre la
Santa Cena. Obras de Martín Lutero. Tomo V .p.369. Publicaciones El
Escudo. B. Aires . 1971
8. Credo Apostólico.
9. Jesús Divino. Culto Cristiano. Nº 38. publicaciones. El Escudo. New York 1985.
P. Gerardo A Hands. Revisión Febrero 2007
http://www.selah.com.ar/new/verrecurso.asp?CodigoDeItem=3686
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